may
17
2012

La conversación en las redes sociales: ‘No me chilles que no te veo’

Afirmar que las redes, especialmente Twitter, han sido, son y, quizá en el futuro, serán una gran batalla de egos es, simplemente, constatar una realidad. No significa ningunear un fenómeno que ha cambiado la forma de relacionarse entre personas, ni acusar a todos los usuarios de ser unos narcisistas inaguantables. Se trata de poner nombre a lo que hacemos a diario en aquellos lares. Reflexiona: ¿no hablas de tus logros, de tus opiniones sobre la actualidad o sobre la vida, de tus intereses, de las noticias que te interesan o preocupan, de tu vida diaria o, incluso, de los elogios que los demás te dedican? ¿No te has sorprendido mirando su cifra de seguidores en Twitter, tus fans en Facebook, consultando tu influencia en las miles de herramientas que hay disponibles para ello o comprobando la cantidad de retuits que has recibido con tu último e ingenioso tuit? En mayor o menor medida, todos seguimos alimentando allí nuestro ego y negarlo es una estupidez.

Partiendo de esa base y teniendo presente ese narcisismo intrínseco en la filosofía de las redes (algo que no le quita ni un ápice de su utilidad social, profesional y personal), un servidor, que abrió su cuenta en los gigantes Facebook y Twitter allá por 2009 –aquella época en la que la crisis era casi un nuevo descubrimiento para Zapatero y la prima de riesgo una desconocida-, siempre ha estado interesado en esa conversación que tanto debe alimentarse y cuidarse según unos gurús que, desde su púlpito, la ningunean en demasiadas ocasiones. Y tenía vivo interés en esa cuestión porque estaba (y estoy) convencido de que la infoxicación a la que estamos sometidos a diario, la dificultad para filtrar el contenido y la incapacidad de muchos usuarios para saber separar el grano de la paja hace que el diálogo se vaya convirtiendo poco a poco en un monólogo compartido entre todos. Llega un momento en que es un mundo inabarcable que acaba convirtiéndose en un gigantesco grupo de gente hablándose entre ellos o, mejor dicho, para sí mismos, pero escuchándose poco entre ellos (casi como la sociedad individualista que construimos).

Y para sostener esa afirmación, me gustaría aportar algunos datos que pueden ser reveladores:

  • Cuando usted publica un enlace a una noticia o a su último post que tanto le costó piensa que detrás hay una ingente cantidad de usuarios que harán clic inmediatamente. Nada más lejos de la realidad. Un estudio reciente establece que la media de clics es bajísima (sólo siete de cada cien) y se reduce progresivamente conforme el usuario suma más ‘followers’.
  • La paja y el grano: otro estudio señala que sólo el 41 por ciento de los tuits que leen los usuarios les parecen relevantes (visto aquí). La peor parte se la llevan los tuits con los ‘check ins’ o actualizaciones de la red de geolocalización Foursquare.
  • Los medios de comunicación no interaccionan y dialogan con su audiencia. El ‘tuitexperimento’ lo dejó claro: más de la mitad no contestaron a las preguntas hechas por el equipo que llevó a cabo la iniciativa.
  • El estudio del Estado de Twitter en España, publicado ayer por la Asociación de Economía Digital, plasmaba dos datos elocuentes:
  1. ¿Cuál es la razón por la que dejar de seguir a alguien? El 80% dice que generan demasiada información para seguirla.
  2. ¿Has dejado abandonado en algún momento la red? El 60% admite haber tenido épocas de inactividad y la razón fundamental: exige demasiada dedicación.
  • ¿Y crees que en Facebook todo es distinto? Cuando publicas esa actualización sobre tus vacaciones o esa canción con la que quieres transmitir buen rollo piensas que detrás hay una legión de amigos disfrutándola, ¿no? Nada más lejos de la realidad. Se estima que apenas un 12% de tus contactos en la red de Zuckerberg verán tus intervenciones.

Con estos datos sobre la mesa, uno se pregunta si lo que, en realidad, hacemos la mayor parte del tiempo en las redes es casi hablar solos. Desconozco si el problema se soluciona con una mejor y más exhaustiva selección de tus contactos, de tu timeline o de los contenidos, con una filosofía en la que impere la calidad frente a la cantidad o con días de 40 horas. Lo que resulta más que evidente es que, progresivamente, el crecimiento de las redes (y, por ende, nuestra actividad en ellas) está haciendo perder a éstas su lado más social. La supuesta conversación de la que todos hablan pero que se practica con cuentagotas empieza a ser más un monólogo colectivo sin mucho sentido que tiene más que ver con los diálogos que mantenían Earl Barret y Arne Sultan en ‘No me chilles, que no te veo’.

may
12
2012

Soluciones frente a lamentos: ‘Más Público’

El lamento, la autocomplacencia, la resignación… Son los ‘pecados’ que nos ha traído como envenenado ‘presente’ esta crisis económica y que afecta a una inmensa mayoría de la sociedad y, por ende, de las profesiones. La de periodista está sumida en una depresión colectiva profunda provocada, en gran parte, por una cifra: más de 5.000 profesionales sin empleo desde 2007. En las reuniones, las protestas o los blogs –como este- acabamos destacando siempre la misma conclusión: atravesamos los peores tiempos para la profesión. La crisis publicitaria, el desgaste social de los grandes medios, la crisis de credibilidad… La delgada línea entre el diagnóstico sin anestesia y el pesimismo más exacerbado es traspasada en demasiadas ocasiones.

Sin embargo, como siempre, hay motivos para la esperanza. Y uno de ellos es que esta crisis no ha podido con las ganas de muchos periodistas de seguir trabajando en lo que siempre soñaron, de seguir contando historias. El último ejemplo que hemos conocido ha sido el paso adelante dado por un grupo de periodistas del Diario Público que han decidido pasar a la acción. ¿Cómo? Por dos vías:

  1.  Elaborando una edición especial en papel sobre el aniversario del 15-M después de haber sido la cabecera que más cercanía mostró desde el principio con la cabecera. Para hacerlo han necesitado 30.000 euros que lo han conseguido en tan sólo 24 horas a través del crowdfounding.
  2. Y, tras constituirse como sociedad cooperativa, presentar una oferta por la cabecera en Internet que asciende a 240.000 euros (la empresa editora se encuentra en concurso de acreedores y su fase de liquidación no tardará en llegar).

Un despido puede ser un motivo para hundirse de manera definitiva o una oportunidad para abrir nuevos horizontes. Y en este punto, planteo una reflexión que, para mí, se ha convertido en un mantra. La pronunció hace tres años el gran Enric González:

Ya no hay que fiarse de las grandes empresas, tienen otros intereses. Habrán de ser los periodistas los que se organicen, en cooperativas, en sociedades, como sea, para seguir haciendo información. Las empresas no son la prensa… El periodismo va a convertirse en lo que nosotros queramos que sea.

Hoy no cabe hablar de modelo de negocio, ni de si la compra ha sido acertada o no, ni de su viabilidad futura. Hay que hablar de sensaciones, de valentía, de ganas de salir del bache con arrojo. Sigo convencido de que el imprescindible ‘reseteo’ del periodismo pasa también por tomar la iniciativa, por no rendirse.  La experiencia puede salir mal o, simplemente, no cumplir con las expectativas generadas. Sin embargo, es una actitud ante la que no se puede hacer más que quitarse el sombrero.

Este es sólo un ejemplo más de una tendencia que se repite, afortunadamente, en los últimos tiempos. El medio hiperlocal Granadaimedia, el magazine cultural online Jotdown, la revista deportiva Panenka o la revista Orsai. No hay un modelo de negocio común, ni una fórmula mágica. No hay secretos para el éxito asegurado. Pero lo que resulta obvio es que el lamento continuo no va a ser el que nos saque de ésta.

Decía Thomas Carlyle que de nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues lo único bueno que se puede hacer es intentar mejorarlos. Ya saben.

may
9
2012

Que los números no nos impidan ver el contenido: el caso del New York Times

Llevamos años repensando al modelo de negocio ideal para la prensa, en el momento más complicado de su historia reciente. El pago por contenidos, la filantropía, la publicidad pura y dura… Cifras, cifras y más cifras. La crisis económica nos ha pillado con el pie cambiado y sin paracaídas obligando a colocar lo importante (los ingresos de hoy) como lo urgente. El centro del debate gira, exclusivamente, en torno a ello. Y esos árboles nos siguen impidiendo ver el bosque: el contenido.

Los grandes grupos en España (y en otros muchos países) siguen devaneándose los sesos buscando una vía rápida para compensar parte, al menos, de la brutal caída de la facturación de hoy para no acabar hundiéndose. Mientras eso ocurre, el contenido, aquel por el que los empresarios contratan publicidad o por el que los lectores pagarán, ha quedado relegado, de forma errónea, a un segundo plano.

Crucemos el charco y vayamos a la cabecera de referencia, The New York Times. Hace ya un tiempo, decidió poner la maquinaria de la conversión digital en marcha. Tras los primeros pasos, lanzó en marzo del pasado año un modelo de muro de pago por contenido pero en el que éste último fuera lo suficientemente bueno como para ponérselo difícil al lector al elegir si rascarse o no el bolsillo. Es decir, primero el contenido para luego tratar de llamar a los dólares. La evolución ha sido positiva y ahora dan un nuevo paso con esta maravillosa campaña para incentivar la suscripción digital:

¿Y cuál es el resultado? Pues que ha superado los 472.000 suscriptores digitales, incrementando un 73 por ciento su difusión y colocando a Internet por encima del papel, por primera vez.

Ahora llegarán los agoreros de las cifras y dirán: Ya, pero el New York Times cerró el 2011 con unas pérdidas de 40 millones de dólares y el inicio de este año no ha sido todo lo bueno que cabría esperar (se lograron 42 millones de beneficios, pero gracias a la venta en enero de 16 periódicos regionales y otros negocios que supusieron 140 millones de ingresos extraordinarios). Y ahí no cabe respuesta, pues los balances no tienen contestación. Pero, al margen de los números (marcados por una importante crisis de consumo y, por ende, de publicidad), su modelo de conversión funciona. Y, seguramente, no porque sea el mejor diseñado por los gerentes, asesores y directivos varios, sino porque tiene al contenido en el centro del escenario.

Mientras la crisis económica y de consumo no se supere, los balances seguirán teñidos de rojo. Sin embargo, los hay, como el Times, que sientan bases sólidas para cuando el cielo se abra y cese la tormenta. Unas bases en las que, claramente, el contenido es lo primero.

may
4
2012

Seis motivos por los que luchar por un periodismo digno

Concentración en Jaén.

Decía Horacio que la resignación sólo alivia todos los males cuando no tienen remedio alguno. Hoy, un día después de la conmemoración del Día de la Libertad de Prensa, me gustaría hablar de las razones para esquivar esa resignación, para invitarnos a no bajar los brazos.

Les engañaría si les dijera que esta crisis no me hace dudar sobre cuál va a ser el futuro de este oficio, que para mí es mucho más que eso. Sería cínico por mi parte decir lo contrario. La crisis, económica, de modelo y de credibilidad, golpea con tanta fuerza que a veces se hace harto complicado mantenerse en pie.

Pero justo después de admitir lo evidente, digo que es imprescindible buscar a diario motivaciones con las que continuar. Para no arrojar la toalla y abandonar. Y hoy, después de palpar esa sensación de resignación en las protestas de los profesionales ayer, repaso aquí algunas de esas razones:

  • Por vocación personal y profesional. Si te despiertas y te duermes pensando en este oficio, entenderás este motivo. Es difícil de explicar en un momento como el actual, pero no hay que aspirar a que se entienda. Simplemente, es así.
  • Porque los periodistas debemos retomar el control del oficio para seguir adelante. Pequeños medios, con pequeñas estructuras de costes y controlados por los profesionales.
  • Porque quedan retos que conquistar y deseos que cumplir. La era digital nos presenta un escenario  con un consumo de información al alza y, por tanto, con un espacio muy importante para seguir creciendo.
  • Porque existen muchos puntos negros que mejorar. Como ya hemos dicho en alguna ocasión, queda mucha autocrítica que hacer, muchos cadáveres que sacar de los armarios. Pero eso también debe ser también un acicate.
  • Porque, como dice el compañero Nacho de la Fuente, los periodistas somos más imprescindibles que nunca, aunque no hayamos asumido del todo esa gran responsabilidad.
  • Y porque los sueños no se abandonan tan fácilmente.

No se trata de un mensaje ‘buenista’, ni de una muestra más de un optimismo irracional que tanto he criticado. Es, simplemente, un intento por mantener la ilusión. Es evidente que ni los grandes gurús saben qué nos deparará el futuro. Pero se hace imprescindible buscar razones con las que no dejar de luchar en el presente.

abr
28
2012

¿Por qué #unabuenanoticia? Para tener esperanza

“La vida tiene su lado sombrío y su lado brillante; de nosotros depende elegir el que más nos plazca”. Samuel Smiles

Ser optimista es hoy elegir una ‘profesión’ de riesgo. Si, además, te atreves a combinarlo con una visión crítica de lo que ocurre en el día a día es casi una prueba irrefutable de una preocupante demencia. ¿Cómo osas ver el lado brillante de la vida aun con la tormenta arreciando más fuerte que nunca? ¿Acaso eres uno de esos ciudadanos anestesiados, que prefieren cerrar los ojos ante la realidad? Si eres tan optimista, ¿por qué pones también el foco en el lado sombrío de la actualidad? Preguntas en un mundo de blancos y de negros, de extremos cada vez más separados. Preguntas que un servidor trató de responder en un post que recogía lo que para mí es ser optimista en tiempos convulsos como éstos.

Pero les invito a que se centren en el día de ayer. Las noticias eran demoledoras. La subida del IVA, los nuevos recortes del Gobierno central, las malas previsiones económicas o la bajada en la calificación de nuestra deuda. No existía ni un solo resquicio para respirar hondo, para encontrar un halo de esperanza. El bombardeo en redes como Twitter era continuo y estar delante del ordenador se convertía casi en un duro castigo.  Mientras trataba de encontrar una noticia positiva con la que compensar este aluvión, la periodista Ana Pastor decidió pasar a la acción suplicando a sus más de 268.000 seguidores que le dieran una sola buena noticia para sacar la sonrisa a una nefasta tarde. El aluvión fue tal que bajo el hashtag #unabuenanoticia cientos de personas se lanzaron a dar su particular buena nueva. ¿Resultado? Se convirtió en el primer tema del momento en España, por encima del #IVA, y el tercero en todo el mundo.

Empezó siendo un cúmulo de confesiones personales, para pasar a convertirse en un conjunto de deseos y aspiraciones de cara al futuro. Había reflexiones maravillosas de gente anónima que sólo buscaba un hueco para la sonrisa, para la esperanza. Para mí, se trataba de una prueba más de que los españoles están también ávidos de buenas noticias que también les animen a seguir batallando. Algunas voces recriminaron esa posición en un día tan complicado y cargado de funestos anuncios económicos:

No ha cambiado ni un ápice mi opinión sobre la imperiosa necesidad de abrir el foco de la actualidad también para dar cabida a las historias inspiradoras, que devuelvan la esperanza de un futuro mejor, que le den sentido a la batalla en un presente muy duro. Pero, ante esas reacciones caben algunas preguntas: ¿Es incompatible ser crítico con la realidad y, a la vez, estar convencido de que es muy necesario aderezar el menú informativo con historias positivas, de superación? ¿Supone convertirse en un ciudadano anestesiado que busca evadirse de los numerosos problemas que nos acucian? ¿Silenciar las buenas noticias sirve para que estemos mejor? Decididamente, no.

Ayer se volvió a demostrar que a diario también ocurren cosas maravillosas en este país. No se trata de correr un tupido velo para esconder la dura realidad, sino de permitir que haya esperanza para afrontarla.

abr
25
2012

¡Es la crisis de credibilidad (en los medios), estúpido!

Los diarios ya no vertebran la opinión pública. Y eso genera gran vértigo. Sigue teniendo un papel, pero ya no ese cuarto poder de los años 40 o 50”

Hablamos durante los últimos tres años de la crisis económica y de modelo de negocio que acucia al oficio periodístico. El debate papel-web, la brutal caída publicitaria o el supuesto escaso interés de los lectores en la información de calidad… Más de 5.000 periodistas sin trabajo en un negro lustro, decenas de medios cerrados, cientos de ERE. Cifras y más cifras para fijar la mirada sólo en una parte de la verdadera crisis del gremio.

La frase que encabeza este post, pronunciada por Juan Luis Cebrián en la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa celebrada en Cádiz, es una gran verdad. Pero achacarlo exclusivamente a la revolución tecnológica o a lo económico es un diagnóstico erróneo que sólo busca una justificación externa para esquivar la autocrítica. Porque perder la fuerza que antaño tenían los grandes medios de comunicación (principalmente los periódicos) en el debate social no es una cuestión de números, ni de estadísticas, ni de tecnologías, ni de previsiones económicas. Es una cuestión de pérdida de credibilidad, de pérdida de confianza de la audiencia. Miren este gráfico clarificador publicado ayer en el blog de Ezra Klein en el Washington Post que habla por sí solo:

Resume una encuesta del Instituto Gallup en Estados Unidos. El desplome es muy preocupante desde la década de los 70, momento de mayor esplendor con casos como el Watergate. Treinta puntos de descenso en tres décadas. Esta desconfianza creciente, que puede ser extrapolable al panorama mediático español, ¿es, verdaderamente, un problema económico? ¿Tiene que ver con la plataforma o los soportes de publicación? ¿Está justificado con la bajada de los ingresos en publicidad? ¿Por qué no se abre, verdaderamente, el foco para debatir en profundidad también sobre este problema, decisivo para afrontar el futuro de los grandes medios?

El experto en medios en EEUU Jay Rosen preguntó en su blog ‘Press Think’ sobre las causas de esta caída en la credibilidad y, finalmente, planteó nueve entre las que despuntan: la falta de confianza en todas las instituciones (incluida la prensa y los medios masivos de comunicación), el desgaste de los medios por el sensacionalismo, su cercanía con el poder o el sesgo ideológico creciente.

En el caso de nuestro país, no seré yo quien se suba a la atalaya para sentar cátedra sobre cuál es la causa fundamental y, por ende, la solución a todos los males. Puede ser esa excesiva cercanía con el poder político y económico o la evidente polarización ideológica o, simplemente, pueden ser todas a la vez. No tengo la respuesta, aunque creo que ésta representa la clave para salir de esta crisis en el sector.

Los debates no dejan de girar en torno a los cambios tecnológicos, a los modelos de negocio, a los balances económicos de los grandes grupos… Las decisiones de los grandes grupos siguen centrándose en reducir plantilla y costes, sin ser conscientes de que la consiguiente pérdida de calidad hurga más en la herida. Se nos ha olvidado mirar también hacia dentro y buscar las respuestas. Por responsabilidad propia y ajena, los medios ya no asumen su rol de intermediarios, han dejado de ser imprescindibles para una buena parte de la población que ha perdido su confianza en ellos. Y ese es el problema que de una vez y desde la humildad hay que afrontar. Los ingresos antes o después volverán, la dualidad papel-web se resolverá… Pero, por nuestro futuro, habrá que reconquistar la credibilidad. Si se me permite, utilizando la archiconocida frase de la campaña de Bill Clinton en 1992: “Es la crisis de credibilidad, ¡estúpido!”

abr
18
2012

Los Pulitzer y el periodismo: siete lecciones para el futuro

Los Premios Pulitzer son los más prestigiosos reconocimientos en el periodismo actual. Con casi un siglo de vida destacan los mejores trabajos del último año. Esta nueva edición nos deja algunas lecciones de cara al futuro para un periodismo en un estado de continuo pesimismo:

  • El buen periodismo sobresale en cualquier plataforma. Los premiados han vuelto a dar una nueva lección a aquellos que sólo creen en el papel como único soporte que dé cabida a trabajos de calidad en este oficio. Internet tiene enormes posibilidades para hacer el mejor periodismo. El año pasado fue con el reconocimiento a Propublica, web dedicada a la investigación en profundidad y financiada a través de la filantropía. Y en esta ocasión irrumpen con fuerza The Huffington Post y Político.com.
  • No todos los veteranos que se han pasado media vida entre papeles son a Internet como el aceite al agua. Hay dos ejemplos bien claros de periodistas incluidos entre los premiados que no son nativos digitales y han logrado sus premios por trabajos en la red. Uno es el reportero de guerra David Wood, que ha cubierto desde hace tres décadas conflictos bélicos para publicaciones tradicionales como la revista Time. El otro es el viñetista Matt Wuerker, que ha mostrado su buen hacer en medios tradicionales como The Washington Post o The New York Times. Con ellos se destaca, de nuevo, una de las cualidades fundamentales que ha de tener el periodista actual: capacidad de adaptación.
  • Los medios los hacen, fundamentalmente, sus periodistas y su quehacer diario no la marca de la empresa. No descubrimos nada nuevo si decimos que The Huffington Post es un medio amado y odiado a partes iguales. Su fama de explotación de los blogueros y su más que polémica fórmula de agregación de contenidos son razones más que suficientes para ser reacios a la marca. Sin embargo, el jurado del premio al mejor trabajo de ‘Periodismo nacional’ ha decidido reconocer el gran reportaje ‘Beyond the batterfield’, dividido en 10 partes y en el que narra la historia de los veteranos heridos en las guerras de Afganistán e Irak. No es más que la demostración de que lo que importa son los trabajadores y no el medio.
  • Pese a la maldita crisis económica, se sigue haciendo un magnífico periodismo. Aparte de ser un reconocimiento personal a cada uno de los profesionales que los reciben, los premios sirven, además, para demostrar que se hace un gran trabajo en la profesión. La brutal coyuntura económica y el desprestigio social han llevado a una conclusión errónea: cada vez se hace peor periodismo. Estos Pulitzer nos enseñan todo lo contrario.
  • Los jóvenes también hacen buen periodismo, pese a las dificultades. La periodista del Patriot News, Sara Ganim, ha logrado el galardón al mejor ejemplo de ‘Periodismo local’ por su cobertura del escándalo sexual de un entrenador de fútbol en Penn State. Tiene tan sólo 24 años y es la segunda premiada más joven de la historia de los premios.
  • Sólo trabajando mucho y con un gran esfuerzo se logran las buenas historias que se esperan de nosotros. La propia Ganim reconoce que trabaja 60 horas a la semana, “investigando, conversando con las fuentes y quitando capas hasta encontrar historias increíbles”.
  • Y la última y más importante: El periodismo tiene mucho futuro. Mucho. Sólo hay que sacar las fuerzas suficientes para conquistarlo.
abr
16
2012

Tumblr: en busca de un modelo de negocio

En Internet, como en cualquier lugar, una empresa no subsiste sin ingresos durante mucho tiempo. En la mayoría de start-ups 2.0, el modelo de negocio sigue sin descubrirse de manera nítida y las cajas están prácticamente vacías. Es el caso de Tumblr, uno de los actores en el ecosistema social con mejor evolución y más crecimiento en los últimos meses. Sus cifras de uso son espectaculares y sus posibilidades, muy importantes, especialmente en el mundo del diseño y la comunicación. El buen gusto del contenido que publican sus entregados usuarios es lo que lo diferencia de otros servicios en el mercado. Pero eso no es suficiente. Son necesarios ingresos para sobrevivir y es justo lo que aún no ha encontrado el joven David Karp, su fundador (ni él ni muchos de los CEO de las grandes redes).

Hoy, esta plataforma tiene un balance casi inmejorable en cuanto a utilización, a penetración en la web:

  • Ha superado por primera vez los 20.000 millones de publicaciones.
  • Roza los 50 millones de blogs.
  • La plataforma es utilizada por 120 millones de personas.
  • Las visitas crecen a un ritmo del 250% anual: 15.000 millones de páginas vistas al mes.

Estas cifras no lo han eximido de necesitar inversión externa para seguir funcionando, como está ocurriendo al grueso de las redes sociales que crecen sin  modelo de negocio fijo (Twitter, por ejemplo). Aún así, la sobrevaloración, de la que hablamos hace unos días con la compra de Instagram por Facebook, también se ha dado en este caso: en la última ronda de financiación fue valorada en unos 800 millones de euros.

Oficinas de Tumblr.

Teniendo en cuenta que el tiempo apremia (la empresa fue fundada en 2007), la empresa se ha lanzado a explorar algunas fórmulas para lograr ingresos. He aquí algunas de ellas:

  • Abrir las puertas de par en par a los desarrolladores web, con el objetivo de crear un mercado en torno a diseños y plantillas. Es decir, hacer algo similar a lo que hace Apple en la Appstore pero con los temas para los blogs, cabeceras…
  • El patrocinio. No es algo novedoso, ni mucho menos, pues ya lo hacen Twitter (con los hashtag patrocinados) o Youtube. En el caso de Tumblr lo ha iniciado en las búsquedas de blogs por etiquetas.
  • La promoción de los posts. Es la última medida. Con ella dan la oportunidad a los grandes microbloggers a destacar una publicación con el pago de un dólar.

David Karp, fundador de Tumblr.

No hay ni mucha novedad respecto a lo que ya se está haciendo en el entorno, ni tampoco muchas perspectivas de que esas fórmulas puedan generar los ingresos que se esperan de ella. Queda mucho por indagar, no sólo en Tumblr sino en todas las demás startups nacidas en la ‘era social’ de la web. Mientras eso ocurre, un servidor seguirá disfrutando de una de las mejores plataformas de publicación de contenidos. Ojalá logre un modelo de negocio estable sin romper con sus señas de identidad que giran en torno a una palabra: creatividad.

abr
10
2012

La compra de Instagram y la sobrevaloración 2.0

Es una de las operaciones del año en las redes sociales: Facebook trata de consolidarse en el mundo móvil engullendo a la aplicación más afamada para fotografía en la actualidad. Desde ese punto de vista, la estrategia no es, en absoluto, equivocada. Sin embargo, lo más llamativo no es el movimiento en sí en el tablero 2.0, sino el coste que ha supuesto para la compañía de Mark Zuckerberg. Mil millones de dólares por una compañía con apenas año y medio de vida, 30 millones de usuarios y una plantilla de trece empleados.

Al margen de las opiniones sobre si habrá una fuga de usuarios tras esta operación o sobre si en el futuro Facebook acabará destruyendo a la compañía recién adquirida (como ya ha ocurrido en muchas compras de gigantes como Twitter o el propio Google), hay una conclusión clara: la sobrevaloración económica de las 2.0 no cesa. Zuckerberg ha hecho ese gran desembolso por una firma que ni tiene un claro modelo de negocio a corto plazo ni tiene apenas ingresos en la actualidad.

Hace unos días, la empresa, con casi dos años de vida, había sido valorada en 500 millones de dólares, una cantidad ya de por sí era muy alta. Sin embargo, Zuckerberg ha decidido romper todas las cifras y poner sobre la mesa el doble. Algunos apuntan a que esa apuesta tan alta se debe a que había otras ofertas sobre la mesa. Otros recuerdan que la compañía fundada por Kevin Systrom era el único competidor real de Facebook, cuyo talón de Aquiles sigue siendo la fotografía. A ello, uniría la intención de la empresa con sede en Melo Park (California) de sacar músculo ante una inminente salida a Bolsa, ante la cual ha sido valorada en… ¡más de 100.000 millones de dólares! Hay que recordar que se trata de una firma con unos ingresos que alcanzan los 3.700 millones y unos beneficios de más de 660 millones anuales.

Las redes sociales no son una moda pasajera ni un fenómeno sin futuro. En absoluto. Es una nueva forma de comunicación, cuya base se mantendrá para ir evolucionando poco a poco. ¿Es lógico que existan muchas expectativas económicas en firmas con cientos de millones de seguidores y con una gran proyección futura? Por supuesto, pero es peligroso calcular el valor económico de las compañías en función, principalmente, de los usuarios y no de los ingresos. ¿Es real que Facebook valga 150 veces sus beneficios? Por mucho que pueda crecer y rentabilizar sus más de 800 millones de usuarios en los próximos años y todo lo que ello conlleva, sigue pareciendo demasiado dinero, al igual que ocurre con otras muchas.

La compra de Instagram por más del doble de la valoración hecha sólo unos días atrás nos devuelve a un escenario de sobrevaloración económica del 2.0. Si no hay más sorpresas, el siguiente hito en esta particular carrera llegará con la cotización de la compañía de Zuckerberg. Y mientras seguimos preguntándonos dónde está el límite.

Otro enlace:

abr
2
2012

Mamá, quiero ser como Mark Zuckerberg

Dos jóvenes apasionados que en un garaje humilde o en una habitación de una residencia universitaria con escasos recursos y muchas ideas geniales crean una de las grandes empresas tecnológicas de todos los tiempos. Google, Amazon, Microsoft, Apple o Facebook… Han cambiado el curso de la historia, han copado los primeros puestos en los principales mercados mundiales  y han hecho a sus fundadores multimillonarios. Y, sobre todo, han instaurado un concepto peligroso, por ser en un fraude en sí mismo: con poco dinero y el esfuerzo justo se puede triunfar y hacer historia.

Ahora que la crisis económica arrecia aún más, el emprendimiento en Internet puede ser una salida alternativa e interesante para los miles de jóvenes que han perdido su sitio en el mercado laboral. Con una reforma laboral que deja a los asalariados más desprotegidos que nunca, son muchos los que muestran ese camino, a veces con una frivolidad digna de estudio y que puede hacer perder claramente la perspectiva.

El bombardeo con mensajes basados en un ‘pelotazo’ digital (como ocurriera con la construcción y el sector inmobiliario en España) es continuo y, como decía, muy peligroso. Los medios de comunicación, los blogs, los periodistas ponemos el foco, en la inmensa mayoría de las ocasiones, únicamente en lo positivo, en el triunfo rápido trasladando una imagen errónea del emprendimiento en Internet.

Zuckerberg montó Facebook en su habitación en la Universidad de Harvard para poner en contacto a universtarios. SergeY Brin y Larry Page crearon Google en la habitación de este último de la Universidad de Standford. Un joven e idealista Steve Jobs construyó su primer ordenador Apple en el garaje de la familia del ya fallecido fundador. “¿Por qué no repetirlo?”, se preguntarán miles de jóvenes que sueñan con ser el siguiente que se una a la lista. “Mamá, quiero ser como Mark Zuckerberg”, dirán otros.

Pero es aquí donde falla el sistema, pues no se cuenta toda la verdad. Todos estos jóvenes que hicieron historia eran (y son) genios únicos, que conquistaron la cima después de mucho trabajo, de mucha ayuda, de ingentes cantidades de ideas maravillosas, de una buena dosis de oportunismo y suerte… Y, sobre todo, de innumerables fracasos.

El paradigma de esa cultura del fracaso es Google. Muchos podrán pensar que en el gigante del buscador aciertan en todo lo que se proponen, pues sólo hay que ver la cuenta de resultados y su evolución. Nada más lejos de la realidad. Han sido muchos los errores cometidos, muchos los proyectos que se quedaron en nada o que, simplemente, no funcionaron.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que esos gigantes que nacieron en un garaje o en una humilde habitación universitaria deben ser referentes, pero con el foco en todo: en el éxito fulgurante, pero también en el fracaso más estrepitoso; en el crecimiento rápido y, además, en la capacidad de superación incansable; en la meta, pero aún más en la carrera para llegar a ella… Las luces y las sombras, para evitar falsas expectativas.

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